Villaverde prostitutas la prostitucion

villaverde prostitutas la prostitucion

Fue la medida impuesta por el Ayuntamiento de Madrid en El asunto acabó en los tribunales, que quitaron la razón a Gallardón. Pero el ex alcalde se empeñó en firmar un decreto para mantener el cierre tanto de la zona residencial como la industrial. Aquí también se deja sentir la crisis. Los precios han bajado una media de 5 euros. Nos lo confirma una prostituta española cuarentona: Esto lo hago por que tengo dos hijos y tienen que comer.

Y se sube, a toda prisa, en el coche de un cliente. También se dan casos en los que los proxenetas son sus maridos o parejas. Y como de territorios va el asunto, las chicas negras se agrupan cerca de las paradas de Cercanías y EMT de Villaverde Alto, mientras que las rumanas tienen bajo su control la Avenida Real de Pinto.

Es la ley de la selva. Aunque este es un negocio que no cierra nunca, es verdad que los fines de semana este lupanar al aire libre casi se colapsa. Y también de droga, porque con el bajonazo de los precios debido a la crisis, las mafias se las apañan para que sus chicas también pasen cocaína. La tarifa que cobran, desde 20 euros.

Por el contrario, el Ayuntamiento de Madrid sólo cuenta con estimaciones y, a la vista de los datos de Médicos del Mundo, no muy fiables. Muchas son rumanas y no hablan español. Prefieren que no se las moleste mientras trabajan. Cobran entre 20 y 30 euros. Justo al límite territorial, en la zona sur, se levanta un enorme polígono industrial, el de Villaverde.

Un centenar de mujeres, la mayoría subsaharianas, se concentra en grupos de cinco o seis. Son muy jóvenes y llevan provocativas botas y tops de piel muy ajustados. En medio de la noche, cuando el reloj ya marca las dos de la madrugada, para una furgoneta en medio del polígono. Las chicas salen corriendo hacia ella. Solo en la región madrileña, los agentes han tramitado Las otras siete corresponden a la Guardia Civil 2 y la Policía Municipal 5. Todas se encuentran en el mismo paquete. El País Vasco también tiene transferidas las competencias policiales, al igual que Cataluña.

La mayor actividad de la policía nacional la ha desarrollado la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras y la de Seguridad Ciudadana, que son las encargadas de vigilar el polígono industrial de Villaverde.

Las quejas de los vecinos de Marconi se han repetido desde hace años al tener la prostitución justo en la puerta de sus casas. La presidenta de la asociación de vecinos de esta colonia 3. La forma de actuar de los agentes siempre es la misma. Suelen acudir al polígono industrial en coches camuflados para no ser detectados por los posibles clientes o por las propias prostitutas.

villaverde prostitutas la prostitucion Asociaciones de prostitutas achacan este comportamiento a la Ley de Seguridad Ciudadana. Siete de la tarde. El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: Todo lo que debes saber. Se calcula que chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Lo controlan las mafias.

Villaverde prostitutas la prostitucion -

Los chulos no se dejan ver. También les dieron otra noticia: Madrid 6 MAR - Y también de droga, porque con el bajonazo de los precios debido a la crisis, las mafias se las apañan para que sus chicas también pasen cocaína. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano.

Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta.

Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras.

Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular. Se calcula que chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña.

Casi no se las ve. Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto.

Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María.

La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa.

Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal.

A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba.

Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España se calcula que son Un centenar de mujeres, la mayoría subsaharianas, se concentra en grupos de cinco o seis.

Son muy jóvenes y llevan provocativas botas y tops de piel muy ajustados. En medio de la noche, cuando el reloj ya marca las dos de la madrugada, para una furgoneta en medio del polígono.

Las chicas salen corriendo hacia ella. Son los voluntarios de Médicos del Mundo, que reparten preservativos y material lubricante. Las españolas son Los datos que maneja el Cuerpo Nacional de Policía son muy similares.

Grupos de mujeres, también en su mayoría subsaharianas, se concentran junto a fogatas. Pasadas las dos de la madrugada, no superan la decena. La que no ha desaparecido de las calles es la prostitución en la zona de Centro. Un recorrido por las calles cercanas a Gran Vía permite ver a mujeres muy jóvenes, en especial rumanas, a la espera de clientes.

Después de concertar el precio en la acera, las mujeres y sus clientes suben a las habitaciones que alquilan en casas y pensiones. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema. El dictamen jurídico de la Generalitat ve ilegal el veto de Moncloa al nombramiento de los consellers y abre la vía judicial. Rajoy ni dimite ni adelanta elecciones:

0 Replies to “Villaverde prostitutas la prostitucion”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *